Texts
El paseo interminable
“…Mi paseo es una conversación continua y todos nosotros, hombres, casas, piedras, letreros y cielo, somos una gran multitud que se codea con palabras y con gestos. Son las mismas calles antiguas o imaginarias con otra gente, las mismas calles diferentes ahora son personas muertas que me están hablando. Hoy solo son remordimientos de lo que hice o no hice…”
Fernando Pessoa
Dibujar puede ser la acción de perfeccionamiento de un lenguaje con el rotundo sentido que el solo trazo supone, la aproximación a ese punto donde algo se revela no es solo un ejercicio de acontecimientos sino es el acontecimiento mismo.
Este conjunto de dibujos de Pablo Villaizan va más lejos de lo que aparenta, aunque pueda resultar algo extraño reconocerlo, de acuerdo con las formas y configuraciones con las que ya venimos acostumbrados. De acuerdo también al tipo de desplazamientos de esa su particular urbe distópica, la que tendremos que ir construyendo o de-construyendo a su paso, como una sinfonía de personajes, a veces incomunicados y a veces locuaces.
Esta trama distópica en los dibujos de Villaizan nos remite a una humanidad compuesta por humanos sobrantes, desarraigados, desechos de nuestras postmetrópolis finiseculares, hoy más seculares que nunca.
La riqueza del imaginario del artista se funda en la capacidad ilimitada de crear y recrear estos mundos desencantados. Esta nueva realidad, existente plásticamente, es el escenario propicio donde muchas veces se representan certezas y dubitaciones, que la magia de su condición plástica hace que podamos asumirlas como verosímiles.
Pero hay algo en este entorno que nos permite rastrear su procedencia. Contemplar la obra expuesta no solo implica la confrontación con un trabajo terminado, en esta ocasión estamos ante un relato interminable, donde los personajes transitan distraídos sobre una urbe monocorde y monótona. Quizá solo ejerciendo una relación con el espacio entre lúdica e inexpresiva, sin percibir los detalles, sin tener una cabal dimensión del escenario, como ignorando o huyendo de esa escenografía, como si hubiera algo que los llevara siempre más lejos de sí mismos. Con cierto desenfado sus cuerpos y sus gestos se alistan a tomar el camino desconocido, no se sabe bien si para ir, si para regresar, o sencillamente para no ir, en un andar ralentizado, porque su curiosidad es mucho más grande que sus propios miedos.
José Medina
Lima,Noviembre 2018

